sábado, 9 de agosto de 2014

Antes de haber un puente en el Guadiana.



Antes de haber un puente en el Guadiana

(Siguiendo con los escritos de mi padre)




Antes de haber un puente en el Guadiana próximo a Orellana, esparragueros, pajareros, labradores y una gomia de muchachos y mujeres que para buscárselas tenían que pasar el río en una barca. La Serena daba de comer a todos los pobres entre espárragos, cardillos, berros o criadillas.


Yo tuve una mula más de veinte años, y una tarde hubo que pasar el río a vado porque el barquero no estaba. La mula tuvo que nadar varios metros porque no llegaba con las patas al suelo. Y yo digo, si la mula la compré con tres meses ¿quién pudo enseñarla a nadar? ¡Qué lección me dio aquel animal. Con el agua que yo habré tragado para aprender a nadar!
Mi padre era Ordinario[*] o Carrero que se decía lo mismo. Él no aprendió a nadar porque no le vagó, tuvo que trabajar desde pequeño. 

Por entonces, a falta de camiones el transporte se hacía con carros de ruedas de llanta metálica y estructura de madera. Nos contaba que él y sus hermanos siendo mozos trabajaron de ordinarios o carreros que quiere decir lo mismo y simultáneamente llevaban algo de labor, pues ninguno de los dos negocios era gran cosa.

Hubo más familias que se dedicaban también a estas tareas, como los hijos de la tía Felisa del Ordinario, los hermanos Jiménez, como el padre de Juanita y Victoria. Un tal Pepillo del que mi padre contaba que en alguna ocasión había echado un viaje hasta Madrid con el carro, y él mismo dice que fue en dos ocasiones a Badajoz.
 
Los viajes por caminos carreteros estaban llenos de dificultades y una de las principales era cruzar los ríos, en este caso el Guadiana. A principios del siglo XX en 245 km de recorrido por la provincia de Badajoz solamente existían tres puentes para carretera: el de Medellín, el de Mérida y el de Palma en la capital.


Y eso que ya en “Las Partidas” de Alfonso X (1252-1284) al explicar cómo han de amar los reyes a sus tierras y los que las pueblan “Deben mandar labrar puentes é calçadas é allanar los pasos malos, por que los omes  puedan andar é llevar sus bestias é sus cosas desembargadamente de un lugar a otro”

El recorrido más habitual era a Villanueva de la Serena, buscando siempre el trayecto más corto, incluso después de haber un puente que no se construyó hasta 1933; porque en cualquier caso suponía un rodeo considerable sobre todo teniendo en cuenta que los desplazamientos se hacían a razón de una legua[*] a la hora, según el terreno y la carga con lo que el camino podría durar entre seis u ocho horas.

Nos contaba mi padre de un día, pasando el vado de los Jabales[*] del Guadiana, viniendo con el carro desde Villanueva,  empezó a inclinarse y oyó como las chinas rodaban hacia lo hondo del río revuelto por la subida del agua y que a punto estuvo de que el carro, las mulas y el carrero fuesen tragados por las furiosas aguas.


Bastantes años después por el mismo vado[*] de los Jabales, Manolo Jiménez Ruiz, Calisto, padre de Victoria y de Juani Jiménez también fue carrero. Venía de familia de carreros que hacía habitualmente esa ruta. Lo había aprendido desde muy tierna edad. Conocía el camino, los arenales que parecían tragarse toda la fuerza de las mulas avanzando con agobiante lentitud.
Con trece años ya hacía sólo el camino con sus mulas enjaezadas, con sus borlas y sus campanillas, pues aunque animales eran, merecían buen trato y cuidado; y por qué no, también adornos, pues como diría Cervantes, “un palo vestido, no parece palo”. Las llamaba por su nombre, se habían criado con él, las daba de comer y las llevaba al abrevadero con gran dedicación y cariño. Eran sus mulas. Esas que les parecerían enormes bestias a cualquier chavalillo de ciudad eran sus compañeras de fatigas.

Así siendo casi un crío de trece años, pero con la madurez y la determinación de un hombre, llegó a la orilla del río, empezó a cruzarlo como tantas veces había hecho con su padre, sus hermanos  y sus dos yuntas de mulas. Pero aquella travesía quedaría grabada en su memoria para siempre.
Cuando iba por medio del río el venaje cada vez más potente y con un empuje implacable arrolló al carro y las mulas. Deslizados fuera del carril de vado el río se convertía en un abismo en el que no se tocaba fondo.  Por más que se esforzaban, las mulas perdían su apoyo en el suelo y no podían resistir el ímpetu de la corriente. Con enorme esfuerzo y gran dificultad pudo desenganchar las dos mulas de las cuerdas[*] pero el carro y las dos mulas que seguían enganchadas fueron arrastradas por la furia de la corriente ahogándose la dos. Terminó de cruzar el río a nado y con la pelliza puesta por lo urgente y apurado de la situación. Aquello fue muy sonado. 
 Yo tendría unos ocho o diez años y lo recuerdo perfectamente, luego todo el pueblo solidario fue a sacar el carro cuando las aguas habían desbravado. 

Para estar más seguro de esta historia pregunté a Francisca, su mujer, y me dijo que cuántas veces se lo oyó contar a Manolo.
  
 
Cuando pisó tierra firme al salir del río, encontró las dos mulas de las cuerdas que le habían adelantado al pasar el vado esforzándose también en nadar contra la fuerza del agua.
Las dos mulas estaban en la orilla sin moverse como si esperasen a que su amo saliese de aquel peligro.
Manolo acarició a las mulas con cierta satisfacción por sobrevivir, pero al volver la vista atrás comprendió que las otras dos mulas habían sido arrastradas por la furia de la corriente y engullidas en el abismo de las aguas.
Y así contemplando con tristeza aquel suceso se admiraba cada vez más como había podido salir de allí siendo tan joven y haber podido atravesar unas aguas salvajes de un río que apenas con mirarlas causaban pánico.
 
Y para que no caiga en el olvido escribo estas páginas para que sepáis que Manolo Jiménez tuvo un comportamiento heroico con sólo trece años peleando contra la furia de un río.
Rafael Calzado Sanz
Orellana la Vieja, 2014
Publicado en la revista de la Feria, agosto de 2014.
 



 
ordinario: DRAE 11. m. desuso. Arriero o carretero que habitualmente conducía personas, géneros u otras cosas de un pueblo a otro.
 legua: DRAE (Del celtolatino. leuga, quizá de origen prerromano).1. f. Medida itineraria, variable según los países o regiones, definida por el camino que regularmente se anda en una hora, y que en el antiguo sistema español equivale a 5.572,7 m.
Mula de las cuerdas.Cuando en un carro van enganchadas cuatro mulas se llaman las de las cuerdas las dos delanteras.

vado: DRAE (Del latín vadus).1. m. Lugar de un río con fondo firme, llano y poco profundo, por donde se puede pasar andando, cabalgando o en algún vehículo


Vado de los Jabalíes. Es la zona donde se celebra actualmente la romería de San Isidro.
 








jueves, 12 de junio de 2014

Basiliso el ciego

(De los escritos de mi padre.)

Basiliso el ciego
Basiliso Sanz, conocido como Basiliso El Ciego hijo de Julio Sanz, hermano de mi abuelo Alfonso.
Quedó ciego a causa de la viruela cuando era pequeño. Se crió en una casa con cuatro hermanos y dos hermanas, que tuvieron que trabajar duro como casi toda la gente en aquellos tiempos.Basiliso aprendió a tocar el acordeón-piano de oído. Tocaba en bailes y serenatas de bodas. Yo siempre le conocí de sacristán. Ayudaba al cura en todo lo que podía. Subía a la torre corriendo delante de los muchachos sin dar un tropezón. A mí me gustaba subir a la torre para oírle repicar las campanas. Era una maravilla. Qué pena no haber podido grabar aquellas demostraciones de arte de un hombre ciego. La gente se quedaba embelesada escuchando.
Todavía los mayores lo recordamos. Además tenía el instinto de un lince. Una mañana pasaba por mi puerta, yo le estuve observando y justo a la altura de mi casa Basiliso pronuncio el nombre de mi madre. Ella lo oyó y enseguida salió a saludarle como primo hermano que era.

Este hombre, que yo sepa no hizo mal a nadie. Él vivía en la calle Buenavista, qué ironía,  iba todas las mañanas a tocar a misa, la misa de alba. Además saboreaba aquel repicoteo de campanas que formaban parte de su vida, pero con tan mala suerte que una mañana a la hora de misa las campanas no se oían.
¡Algo le ha pasado a Basiliso! Comentaba la gente. ¿Se habrá muerto? Se preguntaban. Aquel silencio de las campanas a la hora de misa daba que pensar. Sin embargo... a Basiliso el ciego le habían tendido una trampa traicionera y dolorosa.
La anterior había sido una “noche de quintos”, los mocillos que fueron sorteados hicieron una “hombrada” para cuando fuesen al ejército poder ir contando alguna “hazaña”.
Armados con picos y marras derribaron aquella tenebrosa noche el  pequeño puente que había junto al Matadero que era el paso diario de Basiliso para cruzar el arroyo y que conocía de memoria como recorrido habitual.




Este pobre hombre aquella mañana no pudo llegar a la Iglesia. Pisó en vacío y fue a dar con la cabeza al otro lado del puente derrumbado y allí lo recogieron los que pasaban de madrugada. Estaba desangrándose y sin dar señales de vida con la cara y la cabeza hechas polvo. Le costó mucho tiempo estar sufriendo el dolor por culpa de un capricho “heroico” de unos jóvenes que pronto, muy ufanos,  mandarían una foto vestidos de soldados.
-Mi hijo. Qué guapo. –Dirá su madre.
Qué a gusto se habrán quedado al enterarse de la “hazaña” que habían hecho.
Seguro que no pensaron el daño que aquello podía ocasionar. Todos hemos sido jóvenes y yo me pregunto después del tiempo correr: ¿Les hemos comunicado a nuestros hijos nuestros errores para que ellos no cometan los mismos?
Qué bien se podría vivir si cuando somos mayores reconocemos nuestros errores para educar a nuestros hijos a que no destruyan, sino para que despejen los caminos de la vida adornándoles con flores si es preciso y sobre todo, sobre todo, si son ancianos o algún ciego quien vaya a pasar por aquel lugar.
Basiliso afortunadamente se recuperó y volvió a hablarle a  todo el pueblo con tañer de las campanas.


Rafael Calzado Sanz. Orellana la Vieja. 2014

martes, 6 de mayo de 2014

Si yo voviera a nacer



(Escritos de mi padre: Rafael Calzado Sanz)

 

Si yo naciera otra vez

Si yo tuviera la suerte que Dios me dijera: ¡Te doy la oportunidad para venir otra vez a este mundo!

-Gracias Padre Bueno. Por el favor que me concedes, a mí me gustaría nacer otra vez y nacer  en mi pueblo, pero no ver a tanto pedigüeño como he visto en esta vida, niños sin saber leer ni escribir por la calle pisando barro por un cacho de morcilla o cuatro aceitunas.



Me gustaría nacer otra vez para ver a los nietos de aquellos pobrejones con carreras universitarias como los hijos de un pudiente y con buen coche a la puerta en vez de un burro atado a una estaca que no pueda con las orejas.

Me gustaría venir otra vez a este mundo para ver un charco a dos kilómetros del pueblo como un mar en miniaturas donde lo visiten miles y miles de turistas.
Un pueblo donde todos nos demos los buenos días y nadie pase hambre.
Me gustaría nacer otra vez y no conocer una guerra. Aprovecharía la experiencia que tengo para ser más humano con los hambrientos y con todos aquellos que todo el mundo da de lado.
Desterraría la envidia que corroe el alma.

 

Me gustaría volver pero con la gracia y la habilidad de hacer reír a la gente y de no hacer sufrir a nadie.

Procuraría no criticar a nadie, no levantar calumnias alegrándome de los errores de los demás. Intentaría tener muchos amigos, sería labrador y volvería a mirar al cielo en las noches tranquilas del verano desde el rastrojo y admirar las maravillas y grandezas del Creador.
Crearía puestos de trabajo si estuviera dentro de mis posibilidades.
Me gustaría volver a nacer para ser más honrado, no engañaría a nadie ni me dejaría engañar.
Me cultivaría desde pequeño para no cometer errores y hacer todo el bien posible y tanto para quien me insultase o me alabara decirle: muchas gracias, para  no ser rencoroso ni vengativo para ser capaz de pedir perdón  y perdonar.
Si yo tuviese esa probabilidad de volver a nacer.
No pertenecería a ninguna clase de partido político, ni ser un fanático a favor ni en contra de nadie.
Respetaría la forma de pensar y de vivir de los demás.
Mi entretenimiento sería la música, la lectura, el huerto y la fiesta donde quepamos todos.

Sería cristiano conociendo la palabra de Dios. No tomarlo como rutina. Conocer la palabra y cumplirla, que no es poco.

Aprovecharía estos valores para ser más feliz y ayudar a ser feliz a los demás. Serían buenos todos los días del año para ir sembrando la paz.

Procuraría no dar un mal paso por el decir de la gente. No cambiaría la experiencia que tengo por nada del mundo. Daría valor a las personas antes que a las cosas. Valoraría el agua igual que la comida. Aconsejaría a los que lo manejan que utilicen los materiales en herramientas de trabajo y no en guerras.

Si volviera a nacer escucharía a todo el que habla, pero el corazón que fuera transparente y ver si las palaras dicen lo que siente.

Me gustaría que las cárceles estuviesen vacías y que los delincuentes se convencieses de que el trabajo, la conciencia tranquila y la libertad son el mejor tesoro.


miércoles, 16 de abril de 2014

Semana Santa 2014

Fotos de la Pasión en el templo parroquial de Orellana

viernes, 21 de marzo de 2014

En el embalse de Orellana

El embalse de Orellana ofrece infinidad de posibilidades para distrutar del Guadiana y su entorna.


http://www.youtube.com/watch?v=YhTkbM09NRc&list=UUMobC83BPDqAqiDFJK_nxIg