jueves, 17 de diciembre de 2009

Navidad 2009/10

Aquí tienes mi felicitación
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Veremos si al final nieva por Orellana, aunque no es probable. La última nevada fue el 29 de enero de 2006.
Con la atitud a la que está el pueblo (351 msnm) desde luego es poco probable.

Qué silencio presta el campo



Qué silencio presta el campo...

Noche de tristeza y pena que hasta el campo se enmudece. Fue una noche tan serena, que hasta los rumores suenan, de las plantas cuando crecen.

En medio de un matorral, noche de invierno tan pura, nació en un chozo un chaval, en la noche más oscura.

Ni la lumbre calentaba, aquellas pálidas llamas, de aquel triste anochecer.

Triste, porque aquella vida desde el punto de nacer, también viene perseguida. Cual ni distingue ni ve esa muerte embrujecida.

Noche monstruosa de calma,
tal silencio repartió,
que el eco en una montaña
de un pájaro que dormía
también dicen que se oyó.

¡Qué tesoro de humildad! De entrañas de madre fiel, cuando brota aquel clavel entre el bosque y las estrellas.

¡Qué silencio presta el campo... en una noche tan bella!

Hasta el ruido de un cencerro, se oyó como una campana, unos ladridos de un perro, y unos suspiros del alma. ¡Señor ! ¿por qué es la noche tan larga? ¡Haz que venga el Sol corriendo! ¡Di que nazca pronto el alba!
Como una voz misteriosa -dice un carrero que oyó- tened confianza en Dios, que la noche es más hermosa mientras menos corra el Sol.

Rafael Calzado Sanz. Orellana, diciembre 1969

martes, 30 de junio de 2009

Desde el sur



Desde el sur

Venían desde el sur buscando agua y lugares de caza. La supervivencia siempre era difícil. Pero además la curiosidad y el espíritu de aventura les empujaban a buscar un paso a pie enjuto sobre aquella corriente de agua que conocían generaciones anteriores.

Los más viejos habían visto cómo aquellas aguas algunos veranos dejaban espacios secos entre ellas. Pero también las habían visto de llenar súbitamente el cauce y arrastrar todo lo que encontraban a su paso.

Al norte del río veían una montaña no demasiado grande pero que destacaba entre los llanos de alrededor.
Intuían por los relatos y los mitos del clan que las zonas montañosas eran ricas en animales de todo tipo, en manantiales de agua y además ofrecían refugio seguro y una atalaya privilegiada sobre una inmensa extensión de terreno.
Un verano, después de consultar con las estrellas, observar los musgos del tronco de los árboles y estudiar cuidadosamente el comportamiento de ciervos, conejos y jabalíes decidieron cruzar el río.

Fue una decisión difícil. Pero no podían sospechar que irreversible.
Ahora estaban en la margen derecha según el sentido en el que corrían las aguas. Aquella corriente de agua tenía un especial significado para ellos. Seguía la ruta y la dirección del sol, pero no sabían donde terminaba. Como tampoco sabían donde empezaba, pues en el horizonte oriental se perdía por igual el origen del día y el manantial de las aguas.

Los años siguientes fueron particularmente lluviosos con intensas tormentas de verano, por ello su asentamiento provisional en las cuevas más altas de la sierra adquirió un carácter duradero.
Andando el tiempo los que vinieron después lo llamarían Villavieja. Y tan vieja. La cueva protegía del viento y de la lluvia. Era un lugar muy adecuado para preservar el poder y la energía mayor de la que disponían hasta entonces.

A lo largo del año exploraban las zonas más accesibles de la sierra. El clan era poco numeroso, ya que las hembras sólo tenían una cría cada cuatro años, que era el período de lactancia. Hasta entonces nunca habían conocido los excedentes en sus provisiones. Lo suyo era un “vivir al día” un tanto forzados por las circunstancias. Como no había producción, sino una recolección y caza casi diarias no había surgido el concepto de propiedad privada. Ni siquiera como colectivo tenían una idea de apropiación de nada, ni mucho menos del territorio que exploraban periódicamente.
Poco a poco su nomadismo se iba reduciendo gracias a los recursos que entre la sierra y el río encontraban.
La glaciación de la que hablaban sus leyendas iban poco a poco remitiendo y la suavidad de las temperaturas favorecía el incremento de árboles, hierbas, arbustos y aumento de la población de mamíferos, aves y reptiles de variado tamaño. La pesca en el río era más laboriosa y no siempre daba los resultados apetecidos, sino que incluso era causa de trágicos accidentes.
Casi sin darse cuenta estaban dejando de ser nómadas para fijar al menos de forma provisional su estancia en una zona agradable, acogedora, rica en recursos y con abrigo para los inviernos que habían ido perdiendo crudeza.
Todos los machos adultos del clan participan en la caza, las mujeres y los niños se dedican a la recolección frutos y a la búsqueda de raíces nutritivas.
A los relatos legendarios van incorporando el acontecimiento ligeramente remoto de cuando cruzaron a este lado del río. Con cierta nostalgia como siempre ocurre en los recuerdos hacían referencia a las tierras llanas y despejadas de la otra orilla. Tierras que eran más pobres en suelo y en variedades vegetales y animales.
A veces desde la primavera al otoño recorrían la margen del río tratando de recordar por dónde habrían cruzado sus antecesores. No había ni rastro, ni la menor señal de un espacio sin agua.
Antes de que llegase el invierno regresaban a la madre sierra, la que les ofrecía refugio, seguridad, abundancia de reservas para la tecnología que les libraba del frío intenso.
Día a día dejaban sus huellas en la pared rocosa de la cueva. Imprimían de alguna forma sus ideas, sus sentimientos y sus temores.
Habían iniciado la costumbre de resguardar a los muertos de la intemperie y de los carroñeros. Lo hacían ahora que se estaban volviendo sedentarios. Ya no los dejaban atrás como las generaciones anteriores.
Todas las técnicas van mejorando, han aprendido que golpeando algunos tipos de piedra entre sesenta y ochenta veces con habilidad se puede conseguir una herramienta de uso múltiple, para cortar, desgarrar, afilar maderas… en fin, algo realmente maravilloso.

Pero en el manejo de la nueva y deslumbrante fuente de energía sólo los más expertos y habilidosos conocían la técnica y la capacidad para iniciarlo y ejercer un minucioso control sobre su incomprensible y arrollador poder destructivo.

Aprendieron de los antepasados a buscar la yesca, la Ungulina fomentaria hongo que se da en los troncos de árboles secos, especialmente chopos y olmos, a utilizar piedras de cuarzo esquirlas de pirita, y los filamentos más secos de algunas hierbas. Bajaban a las orillas del río para recoger el filamento de los “puros” de las aneas o eneas según el habla de cada uno.

Admiraban y temían a aquellos hombres dueños de tan complicada técnica y de la arrasadora energía que podían liberar.
Se dieron cuenta enseguida de las ventajas que ofrecía y las “comodidades” que proporcionaba.
Aquella tecnología permitía una concentración de poder inigualable, llegaba a transformar la estructura de algunos materiales, convertían el barro pegajoso y blando en un material duro, resistente y frágil. Endurecía la punta de los palos que se usaban como lanzas, ablandaba la carne de caza y hacía que esta desprendiese un olor desconocido pero agradable. Hacía exquisito su sabor, porque caramelizaba las proteínas, -dirían después los expertos-, pero podía devorar esa misma carne si no se le prestaba la debida atención.
También sentía una cierta desconfianza, pues no podían dejar de preguntarse si no sería más sano seguir comiendo la carne cruda, como siempre. Incluso veían en el uso de esta tecnología una cierta forma de traición a los antepasados y una ruptura de las tradiciones más antiguas. Los más drásticos planteaban que se estaba llegando a un reblandecimiento de la sociedad.
Pero eran tantas las ventajas. Rompía la noche. Ahuyentaba el frío. Asustaba a los animales más fieros. Pero el peligro siempre iba con él.

Constituía una energía y una fuerza difícil de controlar. Jamás olvidarían la ocasión en la que se les fue de las manos y devoró con ferocidad inigualable un territorio mayor del que ellos podían recorrer en un cuarto de Luna. Todo había quedado negro. Los animales más veloces huyeron despavoridos y otros muchos perecieron carbonizados. Hasta las piedras habían estallado ante el ímpetu arrollador de las llamas.
Aún sigue siendo un misterio, casi un millón de años después, el modo en que empezó a conocerse.
Leyendas y mitos de todas las culturas hablan de ello.
Los estudiosos del tema lo consideran el avance tecnológico más antiguo y más transcendental.

El fuego.


Algo así debió de ser la manera de vivir hace diez mil, veinte mil o quizás treinta mil años antes de que tú y yo anduviésemos por estos mismo lugares.

Orellana la Vieja. 2009
José María Calzado Almodóvar
maestroepa@yahoo.es




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jueves, 19 de febrero de 2009

EN JEREZ DE LOS CABALLEROS


Las TIC,son una herramienta versátil para la Educación de Personas Adultas.
Con algunos conocimientos básicos, mucha imaginacion y dedicación se pueden conseguir resultados interesantes trabajando en la E. P. A.
Dirección del bolg de Miguel Angel Santos, ponente en Jerez de los Caballeros.
http://blog.laopiniondemalaga.es/eladarve/