jueves, 11 de diciembre de 2008

Invierno


Amanece lentamente, sin prisas, sin ganas, casi sin querer. Pero amanece al fin. Desde la parte más alta del pueblo, a las afueras, mirando al río se aprecian los primeros brillos entre las nubes. Apenas se nota el viento, pero es tan frío y tan sutil, como dicen los de Madrid, que mata a un hombre y no apaga un candil.
Pero así abrigado, encogido, en silencio parece que se agudizan más los sentidos para apreciar lo extraña y sobrecogedora que es la naturalez. En este instante abre sus puertas y nos regala un nuevo día.
De nosotros depende lo que hagamos con él.

1 comentario:

Drea dijo...

Precioso texto el tuyo